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martes, 7 de febrero de 2012

Contador: Inocente con dos años de sanción

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Imagínense durante un instante que son arquitectos. Imagínense que están construyendo un rascacielos enorme. Como hay arquitectos muy tramposos, se prohibió el uso del Autocad (programa de diseño), para que se erigieran los edificios con mérito. Usted es el mejor arquitecto del mundo, pero necesita pasantes. Uno de ellos le pasa unos dibujos en donde un pequeño tabique de todo el rascacielos está diseñado con el Autocad. Usted, lo sabe, lo admite y su empresa hasta le exculpa.

Pero el colegio de arquitectos se entera y le abre una investigación. Durante ese tiempo, usted sigue construyendo edicifios, mejores o peores, pero los sigue constuyendo, demostrando que no le hace falta el Autocad para nada. Y tras año y medio de espera, el Colegio de Arquitectos le inhabilita por dos años, derrumbando todo los edificios que te han dejado construir en ese tiempo, además del diseñado con esa pequeña ayuda involuntaria del Autocad.

¿Parece esto justo? Para nada, ¿verdad? Pues algo parecido es lo que le ha pasado a Alberto Contador. En el Tour de Francia de 2010, Contador dio positivo por 50 picogramos de clembuterol, una cantidad ínfima, que no ayuda físicamente a un deportista. El clembuterol es una sustancia prohibida en el ciclismo, pero a su vez es una sustancia que se usa en algunos países para engordar ganado. Y ahí es donde se amparó Alberto.

La versión del ciclista es la que dice a que fue contaminado por un filete que en el día de descanso, fue traído desde España. Ahora han querido cambiar filite por barrita energética. Lo mismo da. Seamos razonables: la historia parece un poco cogida por los pelos. Pero después lees noticias como esta y como esta, no es tan descabellado pensar que Contador tiene razón.


Es más, la Federación Española exculpó a Alberto. Pero la propia UCI no estuvo convencida de esta decisión y llevó el caso al Tribunal Superior de Arbitraje (TAS). Y aquí empieza lo grave. En ese tiempo a Contador le dio tiempo a ganar el Giro de 2011 y a correr el Tour, ya desgastado por la ronda italiana. Han sido muchos días de incertidumbre, quince meses, que acabaron lamentablemente ayer.

A Contador le sancionan con dos años, quitándole el Tour de 2010 (hasta ahí algo lógico) y el Giro de 2011. Además, tendrá que pagar una multa de dos millones y medio de euros, más lo que tendrá que abonar a sus abogados. Le han aplicado la máxima sanción posible a un caso que en circunstancias normales podría haber acabado con una visita del médico de la UCI al ciclista para avisarles de la anomalía del resultado.

El propio TAS en su sentencia admite que no hay voluntariedad de dopaje. La pregunta es: si no hay voluntariedad ¿Por qué le ponen la máxima sanción? El derecho deportivo (si se le puede llamar así a esto) obliga ante un dopaje a demostrar la inocencia del deportista. No se puede caer en la demagogia de decir que es injusto que Alberto tenga que probar su inocencia. Su análisis y contranálisis dan positivo y ya es motivo suficiente de culpabilidad. El problema es que Contador no ha podido demostrar su teoría de la carne.


Si el ciclista hubiera podido demostrar que al ganado utilizado para el filete que se comió se le suministraba clembuterol, hubiera sido exculpado. La trazabilidad de la carne se perdió a mitad de camino, y por lo tanto, Contador no ha podido probar su inocencia. Pero lo que más daña de este asunto es que en la resolución se da por valida la no voluntariedad de Alberto. O se castiga o no, pero no se puede decir que no se dopó y castigarle con 2 años.

Un castigo de seis meses hubiera sido la salida más fácil. Se castiga el positivo (que no hay que olvidad que existe) y con un mes de sanción (porque ya cumplió cinco anteriormente) estaría resulto, manteniendo un Giro de Italia que ganó limpiamente y pasando mil controles revisados con lupa.

Hoy ha salido Contador en una rueda de prensa. Lo más llamativo que ha dicho es que seguirá corriendo. Ojalá vuelva por sus fueros y nos haga vibrar. Puede que la Vuelta a España sea su primer objetivo. Alberto tiene que callar muchas bocas. Pero su nombre ya ha sido manchado.

Sigue al autor en Twitter: @lpavon87
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lunes, 6 de febrero de 2012

La noche de Joe Montana

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El sueño es siempre caprichoso y su ataque, furtivo. Nos sobreviene (la expresión más común suele ser ‘nos da sueño’) cuando menos lo deseamos y, sobre todo, cuando menos lo esperamos. Es decir, el sueño nos sorprende siempre en el momento más inesperado: durante el desenlace de la película que llevamos dos horas viendo y cuyo final nunca llegaremos a conocer, o en el enésimo corte publicitario de la serie de televisión que seguimos semana tras semana, siempre el mismo día, y a la que estamos enganchados y de la que irremediablemente nos perderemos, de repente y a causa del imprevisible sueño, el clímax de ese episodio en cuestión y, por tanto, también nos quedaremos sin descubrir el tan esperado giro argumental, la sorpresa que nos engancha y nos hace esperar con expectación al siguiente capítulo.

En definitiva, el sueño (así de caprichoso y furtivo es) actúa siempre cuando resulta menos querido y esperado y, en cambio, basta que uno esté ocioso y aburrido (por ejemplo, leyendo o escribiendo una entrada de blog), sin nada que hacer y también sin ganas de hacer nada, dispuesto a irse a dormir sin mostrar resistencia, para que este no aparezca y nos invada, en lugar de ello, el estresante insomnio y sus correspondientes vueltas en la cama, de un lado a otro y a otro y vuelta al principio (ninguna postura resulta cómoda entonces). No hay cosa que desquicie más que sufrir de insomnio toda una noche (teniendo además que madrugar al día siguiente) e intentar en vano dormirse. Cuando esto ocurre, a menudo es bueno encender la radio y dejar divagar la mente al arrullo de las ondas hertzianas. De esta forma, poco a poco se va amodorrando uno y empieza a hacerse presente la duermevela de la inconsciencia, que precede siempre a la llegada del imprevisible, furtivo y caprichoso, sobre todo caprichoso, sueño.

No obstante, también hay noches en las que la radio no sirve de nada y uno no deja de prestar atención (no es capaz, no puede) a lo que dicen las voces que salen de ella, despabilándose de este modo todavía más. Estas son las peores noches de insomnio, en las que el sueño se ha perdido de camino a casa y no nos encuentra y, entonces, soñamos despiertos con que estamos dormidos y verdaderamente soñamos. Así me ocurrió a mí anoche hasta que, harto ya de dar vueltas en la cama y escuchar la radio, recordé que era el domingo de la ‘Super Bowl’ y me decidí a verla, al fin y al cabo algo tenía que hacer.


La ‘Super Bowl’ es el evento deportivo más importante en Estados Unidos, quién sabe si también en el resto del mundo. De media lo siguen año a año más de cien millones de personas por televisión (sólo en USA) y aunque en España la NFL, más conocida como fútbol americano (que no rugby), no goce de amplio número de fans y seguidores, no nos queda más remedio que reconocer que la ‘Super Bowl’ es un auténtico espectáculo, en todos los sentidos de la palabra. Anualmente, en el partido del ‘Super Sunday’ (así se denomina al domingo de la ‘Super Bowl’, que es más que un partido, es una jornada de celebración, para pasarla con la familia y los amigos, día también de mucha comida y cerveza), los dos mejores equipos de la competición (tras haber jugado ambos la fase regular y los ‘play-off’)  se miden para ver cuál se alza con el trofeo Vince Lombardi que le acredite como campeón de la temporada. La ‘Super Bowl’ de este año (la cuadragésimo sexta edición ya) la disputaron anoche (en el faraónico estadio de los Indiana Colts, en Indianápolis) los New England Patriots y los New York Giants. Hasta la fecha, ambos contaban con tres títulos en sus vitrinas y en sus filas militan dos de las grandes estrellas del momento: el legendario Tom Brady y Eli Manning, los ‘quaterbacks’ respectivos de cada conjunto. También jugaban anoche figuras de la talla de Bradshaw, Ortiz, Pierre-Paul y Gronkowski, entre otros.


A su vez, habría que indicar, antes de ahondar en el desarrollo de la final de ayer, que el fútbol americano es un deporte complejo de ver y de seguir y también de entender. Tiene infinidad de términos concretos y específicos que si uno los desconoce, le resulta muy fácil perderse. Además, los cambios de jugadores son continuos y la estrategia y las jugadas de pizarra desempeñan un papel crucial en el desarrollo del juego. La NFL tiene, creo yo, otro problema de cara a obtener mayor seguimiento en España y este no es otro que el hecho de que es un deporte que no deja de ser profundamente americano, es decir, que tiene muchos tiempos muertos y parones, las jugadas se suceden muy deprisa (todo transcurre en breves segundos), y luego hay grandes parones entre ellas. En un momento determinado del encuentro aparecen los llamados ‘game highlights’ y si no los has visto, mala suerte. Para eso, de todos modos, están las mil repeticiones en televisión desde distintos tiros de cámara y a diferentes velocidades: cámara lenta y súper lenta, ambas incluidas. Por tanto, el fútbol americano se inscribe en la órbita de deportes como el béisbol (ambos son los reyes en USA), donde todo sucede todo muy deprisa y en un momento concreto, y para ver ese preciso instante en directo has tenido que ‘tragarte’ varias horas de aburrido partido. Nosotros somos más de deportes alocados e imprevisibles como el fútbol (el manido soccer que los norteamericanos apenas entienden), en el que sólo existe un descanso y el juego se produce de manera más continua, haya o no haya goles y haya o no haya jugadas espectaculares para el recuerdo. Pese a todo lo anterior y aunque a uno no le guste la NFL lo más mismo, sentarse a ver la ‘Super Bowl’ es una maravilla, porque el espectáculo montado para la ocasión es impresionante. No hay que olvidarse que en el descanso del partido un gran artista (han pasado por allí Bruce Springsteen, Kiss, Michael Jackson, los Rolling Stones, U2 y The Who, entre muchos otros) ofrece un concierto en directo y, además, los anuncios de televisión de la ‘Super Bowl’ son los más caros del año con diferencia y la gente los espera con expectación y habla de ellos varios días después.


De modo que ahí estaba yo, después de escuchar el himno americano, en los primeros compases de la final entre finales dentro del mundo del deporte (a altas horas de la madrugada y con los ojos como platos), dispuesto a ver qué deparaba la tan esperada ‘Super Bowl’. Y los Giants empezaron de maravilla, con Manning repartiendo juego (mediante pases y carreras) y acumulando yardas ante el despiste inicial de los Patriots, que sufrieron un ‘safety’ (penalización de dos puntos en contra) en la primera jugada ofensiva de la que dispusieron y vieron a su vez como los de Nueva York anotaban el primer ‘touchdown’ de la final (con el correspondiente ‘extra point’) y conseguían un parcial inicial de nueve a cero en el primer cuarto.

Fue en el segundo cuarto, y en el momento en que peor marchaban las cosas para los New England (con un arranque francamente decepcionante y varios ‘drives’ cortos y sin éxito), cuando apareció Tom Brady, que tiró con casta de su equipo y enganchó una sucesión de pases y un par de ‘drives’ que llevaron a los de Massachusetts a conseguir un ‘field goal’ (tres puntos) y su primer ‘touchdown’ de la noche. Sorprendentemente,  tras lo visto en la primera parte, los Patriots se iban al descanso uno arriba (10-9) y, después de haber remontado una situación adversa, se posicionaban como favoritos para llevarse el partido (ya eran los favoritos en las apuestas antes de la ‘Super Bowl’) debido a que iban ganando pese a no haber jugado bien y Brady, lógicamente, tendría que ir poco a poco a más durante el segundo tiempo.


El show musical del descanso corrió a cargo de Madonna, que presentaba nuevo disco y tomaba el testigo de los Black Eyed Peas (responsables del concierto en el intermedio de la ‘Super Bowl’ 2011) y de Lenny Kravitz, que ayer aderezó la previa al partido con un breve concierto a pie de césped.  En la reanudación, el partido siguió en la misma dinámica que durante el primer tiempo y, para mí sorpresa, comencé a notar una soporífera pesadez sobre los ojos y mis parpadeos se volvieron más lentos y pausados, como si de alguna manera estuvieran más pensados o fueran más intencionados, y el partido empezó a verse como una sucesión de fotografías, de imágenes concretas e instantáneas que se proyectaban entre prolongados fundidos en negro. Y, de repente, el verde del césped cambió de tono y no fue lo único que se transformó en la imagen, también los jugadores de los dos equipos cambiaron de indumentaria y de colores, y todo pareció volverse más fluido, más irreal; y en ese preciso instante ante mis ojos surgió también la figura de Joe Montana, la leyenda más grande del fútbol americano, liderando a sus San Francisco 49ers en otra ‘Super Bowl’. Tenían enfrente a los Denver Broncos y el resultado en el marcador era adverso, pero él no parecía rendirse, ni siquiera parecía dudar o estar nervioso… Comprendí entonces, justo antes de caer profundamente dormido, que ya me había llegado mi imprevisible y caprichoso sueño y que, por muy interesante que estuviese el partido o muy incierto fuera el resultado y el posible ganador, no podría verlo, sino soñarlo, ya que así de furtivo e irresistible es el ataque del sueño y el mío me había encontrado de madrugada cuando menos lo esperaba y aun menos lo deseaba.


Las primeras luces del día me han despertado esta mañana. Para entonces, la ‘Super Bowl’ ya hacía varias horas que había acabado. Mientras desayunaba he leído en la prensa ‘online’ que los New York Giants se impusieron (resultado final: 21-17) en el último tramo de la final, remontando y ganando de este modo su cuarto título, y Eli Manning fue elegido MVP. No obstante, en mi sueño de esta noche (¿o era un recuerdo lo que he soñado esta fría madrugada de invierno?) el desenlace ha sido otro, bien distinto: Joe Montana, el ‘quaterback’ más grande de toda la historia, lograba completar con éxito un milagroso ‘Hail Mary’ a tres segundos del final. Jerry Rice atrapaba el balón pasado por Montana y anotaba el ‘touchdown’ de la victoria. De esta forma, los San Francisco 49ers se imponían a los Broncos de Denver en una de las ‘Super Bowl’ más emocionantes...


Creo recordar que era este el borroso sueño (o recuerdo) que tuve anoche cuando me quedé finalmente dormido de madrugada, lo que me hizo perderme el desenlace de la final real, la que ocurría al otro lado de la televisión, cuyo resultado he tenido que leer hoy en los periódicos. Y es que así de caprichoso y furtivo es el sueño, que nos sobreviene o (mejor dicho) nos da cuando menos lo deseamos y, sobre todo, cuando menos lo esperamos. Mi sueño, en concreto, es especialmente imprevisible. Hay veces que se pierde en su deambular por las calles y no llega a mí hasta muy entrada la madrugada, como ocurrió anoche cuando me dispuse a ver insomne la ‘Super Bowl’. Sin embargo, hay otras veces en las que mi sueño me llega muy pronto, apenas ha caído el sol y me quedo, entonces, profundamente dormido a las primeras de cambio; de hecho así me ocurre hoy, que bostezo sin parar al tiempo que escribo esta entrada y desde hace rato ya noto como se me bajan los párpados, se me cierran lentamente los ojos y comienzo a pensar que quizá ni siquiera pueda terminar de escribir esta entrada para el blog que… ¡Qué sueño!

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domingo, 29 de enero de 2012

Astérix y Obélix, y el 'Moudrix'

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“Nos encontramos en el año doce después del efecto 2000. Todo el ‘planeta fútbol’ está tomado por las centurias culés, otrora forjadas en la inacabable fábrica de la Masía… ¿Todo? ¡No! Hay una pequeña aldea, capital de reino, que, poblada por irreductibles merengues, resiste todavía y siempre al invasor blaugrana...”  Perfectamente, podría ser este uno de los comienzos de las famosas historias de Astérix y Obélix, los galos más universales, si estas se desarrollaran en la actualidad. Y es que el Barsa lleva unos años ocupando, con merecimiento y de manera indiscutible, el trono del fútbol mundial y aniquila a cualquier equipo que intenta rechistarle lo más mínimo (véase y consúltese ahora, antes de proseguir con la lectura, los siguientes casos: Arsenal, Manchester United y Chelsea, entre otros). Por eso, y precisamente por eso, el partido del pasado miércoles, el enésimo clásico, el nonagésimo ‘partido del siglo’, que enfrentó al Barcelona y al Real Madrid fue el mayor espectáculo que puede verse hoy en día sobre la faz de la tierra. En él se vislumbró por fin a un equipo de fútbol que pudo plantar cara al todopoderoso club blaugrana y durante unos minutos lo tuvo contra las cuerdas y todo fue posible, incluida la poco probable remontada.


Sin embargo, ya lo adelanto, hoy no voy a escribir sobre los árbitros ('¡villarato!’), descontados descuentos, tarjetas amarillas teñidas de rojo artificial ni ‘penalties’ fantasma (como los goles que son pero que injustamente no suben al marcador); tampoco pretendo perorar sobre cámaras y micrófonos que se encienden en una entrevista cuando deberían permanecer fuera de funcionamiento; ni siquiera me planteo la posibilidad de hablar de los que hablan (¡vaya redundancia!) de ‘burros con gafas’, de los que visitan con nocturnidad y alevosía al equipo colegial en el aparcamiento de un estadio que no es el suyo, y de los que otrora hablaron de ‘baños’ y hace unos días temblaron a causa del miedo y de la fría noche barcelonesa, quizá, más por lo primero que por lo segundo… Hoy, sólo quiero escribir de fútbol, acerca de fútbol y sobre fútbol, ‘fútbol total’.
El otro día disfrutamos de un auténtico partidazo, de esos que hacen afición y nos recuerdan que esto del fútbol no se trata sólo de “once tíos detrás de un balón”. Este clásico fue una lucha de poder a poder, con grandes ocasiones de gol y mejores goles. Nadie sabía qué iba a pasar. Una vez más, la realidad superó a la ficción. Y quizá, y sólo digo que quizá, el partido fue incluso mejor que la propiedad realidad (‘…even better than the real thing’). Hubo de todo: emoción, nerviosismo, garra y heroísmo. Fueron los del Camp Nou noventa minutos de pura intriga, hora y media de ‘blockbuster palomitero’, con fuegos artificiales incluidos tras la proyección. Al igual que una buena obra teatral, el encuentro ofreció dosis de alegría, intriga, tristeza y sentimientos para todos los gustos; con, además, todas las partes bien delimitadas: introducción, nudo y desenlace. En definitiva, lo del último miércoles noche fue la transformación de la tan denostada Copa del Rey en una obra de arte posmoderna.

Y, mientras yo veía emocionado el clásico en la terraza de un bar y reflexionaba sobre todo lo que aquí escribo ahora, no pude evitar preguntarme algo triste (entre ‘huy’ y vítores, entre tics nerviosos y codazos al de al lado, que siempre es más impasible y tranquilo que uno mismo): ‘¿Por qué somos aficionados de un solo club o equipo de fútbol? ¿O por qué nos ciegan unos colores y nos impiden ver más allá, nos impiden disfrutar de un espectáculo fantástico en el que todos ganamos, de una manera o de otra?’. ‘Ojalá’, se me ocurrió a escasos minutos del final del choque, ‘fuera siempre así: un bar lleno de aplausos y gritos de júbilo, de risas nerviosas, de gente agolpada en la fría calle frente al televisor, con los dedos cruzados y los ojos como platos’. Porque jugando así de bien, al final da igual ganar o perder y del equipo que sea uno; lo mismo que la inmensa mayoría de las veces en la vida no importa el qué, sino el cómo, y no importa tampoco el destino al que viajemos y sí, en cambio, importa y mucho el camino que nos llevará hasta él.
‘Ojalá’, me repito en el trayecto de vuelta a casa, ‘algún día seamos capaces de alegrarnos gane quien gane y disfrutemos de la fiesta del fútbol no únicamente cuando vencen los nuestros y sí, en vez de eso, cuando se imponga el mejor y el que más y mejor juega’. Mientras tanto, y hasta que ese día llegue, espero que al menos haya más equipos que se atrevan a discutirle al Barcelona el trono del `planeta fútbol’, equipos como el Real Madrid de la pasada noche de miércoles o, mejor dicho, debería llamarlo el Real ‘Moudrix’, ese club histórico procedente de una pequeña aldea, capital de reino, que, poblada por irreductibles merengues, resiste todavía y lo hará siempre al invasor blaugrana; y, en concreto, se atreve a hacer frente al ‘César’ Pep y a su mariscal de campo Messi. Este ‘Moudrix’, de recios galos (y no galos) como los legendarios  Astérix y Obélix, y el pequeño Idéfix (inolvidable), podrá ganar o perder la liga, podrá ganar o perder la ‘Champions’… Eso nadie lo sabe a día de hoy. Lo que sí es seguro y cierto es que jugando como lo hizo la otra noche no habrá madridistas tristes ni desilusionados. Lo decía antes y lo repito de nuevo: no importa tanto el final del viaje como el viaje en sí mismo. No es acerca de vencer o de caer derrotado, es sobre cómo se gana o se pierde.
P.S.: en otro orden de cosas e independientemente de la casta mostrada por los jugadores en el campo, parece ser que el druida Panorámix (alias Mou), que tan mal lo hizo en el partido de ida, el miércoles dio con la tecla para batir a los ‘Pep´s show boys’ y fue capaz de preparar un brebaje que dotó a los merengues de un plus, de un extra. ¿Se habrá vaciado ya el caldero del druida o quedará pócima mágica para el resto de la temporada?

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jueves, 19 de enero de 2012

'Entre Pinto y Valdés-moro'

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Ayer, justo después de abandonar el hotel de concentración, el autobús que tenía que llevar a la plantilla del Real Madrid hasta el Santiago Bernabéu se perdió. Fue culpa del chófer pero también hay que decir, en su defensa y a modo de disculpa, que con tantas zanjas y obras como hay en la capital de España le resultaría difícil no perderse hasta al más experto de los taxistas madrileños. El caso es que este pobre chófer, sobre el que recaerán todas las culpas del desastre de anoche durante los próximos días (sólo es cuestión de tiempo que esta noticia que aquí desvelo se descubra y salga publicada en todos los medios de comunicación), se perdió totalmente y el despropósito esperpéntico se puso de manifiesto cuando este conductor, sin darse cuenta, incorporó el blanquecino autobús que conducía en la mismísima autovía. Ahí la situación ya pasó de ser grave a volverse muy, pero que muy, grave y en el rostro de Mou, y también en el de sus jugadores, empezó a dibujarse una expresión de terror, una duda que adquiría peso y forma con cada kilómetro que se alejaban del Paseo de la Castellana: “¿Y si no encontramos el camino? ¿Y si no llegamos a tiempo al campo?”
Esto ya no lo sé a ciencia cierta, pero me han comentado fuentes oficiales del club merengue que un par de horas antes del ‘clásico’, cuando los directivos ya empezaban a preocuparse porque el autocar parecía llegar con retraso al campo, la entidad recibió una llamada de un miembro de la plantilla (no me han querido decir quién hizo la llamada) que les informó de que el bus de la comitiva blanca se encontraba perdido en plena meseta, parece ser que en algún lugar remoto ubicado entre las localidades de ‘Pinto y Valdés-moro’. La catastrófica noticia tardó apenas unos minutos en llegar a oídos de Florentino Pérez que, bastante asustado, pidió ayuda a sus hombres de confianza con la intención de encontrar entre todos una solución a tamaño problema.
Curiosamente, también me cuentan, fue Miguel Pardeza (por otra parte, siempre tan callado y discreto) el que tuvo la genial idea: “Presi”, le espetó a Florentino, “yo conozco a unos chavales, son de la selección madrileña de karate, que no tratan muy mal el balón y que bien maquillados podrían pasar por nuestros jugadores de la primera plantilla”. Como ya quedaban algo menos de dos horas para el pitido inicial del ‘clásico’ y nada se sabía del autobús extraviado, el presidente del Real Madrid no pudo negarse a la propuesta de Pardeza e, inmediatamente, se iniciaron todos los trámites necesarios para ponerse en contacto con la Federación Madrileña de Karate.
Emilio Butragueño fue el encargado del maquillaje y de la transformación visual de los ilustres karatekas en estrellas de fútbol. Y la verdad es que el resultado quedó muy convincente. Además, es que estaban todas las estrellas blancas, casi parecían los auténticos: al más guapetón de la selección de karate lo disfrazaron de Cristiano y lo caracterizaron de manera tan excelente que hasta acabó marcando el único gol del Madrid (resulta casi paradójico que la mejor versión de CR7 no sea ni siquiera una versión del propio CR7, sino su doble, su suplantador); como encontraron en el vestuario (la ‘transformación visual’ se realizó en el propio estadio debido al poco tiempo disponible) un tinte para ponerse mechas en el pelo, a otro le hicieron parecerse a Coentrao; al más ‘calvito’ y que, además, era el único de toda la selección madrileña de karate que poseía el codiciado rango de cinturón negro, le tocó hacer de Pepe y se empleó a conciencia, utilizando todos sus movimientos aprendidos durante años de constante instrucción; con el que iba a hacer de Ozil el equipo de caracterización lo tuvo más complicado, ya que el maquillaje necesario para que los ojos del karateka en cuestión se asemejaran a los del alemán tardó bastante más rato en ser aplicado y quedar bien y, por tanto, el ‘falso’ Ozil pudo salir a jugar únicamente en la segunda parte, sustituyendo a un Lass también ‘falso’ que, como le sucede a todos los ‘Baltasares’ cutres de las cabalgatas de Reyes Magos, se le caía la pintura con el sudor y empezaba a poder entreverse su verdadera pigmentación de la piel, blanca, muy blanca. De modo que, minutos antes de que el balón echase a rodar, ya estaban todos los jugadores listos y todos, además, caracterizados a la perfección; a un experto le hubiese sido realmente difícil distinguir en ese momento a los jugadores ‘originales’ (perdidos en La Mancha) de los dobles.
Sólo había uno que realmente había sido y, de hecho, era jugador del Real Madrid y no, por tanto, karateka, aunque este futbolista en cuestión no es que hubiese jugado muchos minutos en lo que llevamos de temporada. Se trataba de Altintop (‘Altin-top’, la sílaba ‘top’ habla por sí misma) que, como se había dejado las botas olvidadas en casa, volvió del hotel a recogerlas (con el permiso del auténtico Mou) y ya no le dio tiempo de regresar a la concentración para coger el autobús, así que fue al campo por su cuenta y eso le evitó el perderse con el resto de sus compañeros. Como resulta que este tal Altintop, aunque no lo pareciera por sus características técnicas, sí que era jugador de verdad del Madrid, el ‘falso’ Mou lo colocó en el once titular, por aquello de que algo bien tendría que hacerlo, al menos lo haría supuestamente mejor que el resto de karatekas, y, además, así se ahorraban tener que maquillar y disfrazar a otro más, que el tiempo cada vez andaba más justo y a Butragueño ya no le llegaba la camisa al cuello con tanto trabajo acumulado.
Al final pasó lo que irremediablemente tenía que pasar y ganó el Barcelona, aunque sólo por un gol y necesitó remontarle el partido al ‘falso’ Madrid. Los karatekas convertidos en estrellas del fútbol lo intentaron con todas sus fuerzas, pero no pudo ser y acabaron desquiciados, tanto que llegó un momento del encuentro en el que se olvidaron del deporte al que estaban jugando y comenzaron a utilizar llaves y golpes más propios de las artes marciales que tan bien dominan… Pero, a ver, qué le vamos a pedir a estos pobres hombres que bastante mal rato sufrieron ya al tener que sustituir, de sopetón y de golpe, a ‘cracks’ mundiales como Cristiano, Benzema y Xavi Alonso.
Ellos lo intentaron con toda su alma. La culpa de todo este desastre la tiene el chófer, ese conductor de autobús que, según me comentan, sigue perdido por los páramos de España. Tengo novedades: Di María acababa de subir una foto a su cuenta de Twitter, una imagen en la que se ve a un burro; quizá, se me ocurre, estén en Mijas, quién sabe. De momento, gracias a Dios, todavía tienen una semana entera para encontrar el camino de vuelta a casa y viajar a Barcelona ya que, para desgracia merengue, esta eliminatoria no es a partido único (como envidio a los ingleses) y en unos días tendremos el partido de vuelta. “¿Por qué?” (Imaginadme diciéndolo con acento portugués).

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lunes, 16 de enero de 2012

Demasiada nieve alrededor

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Tengo un amigo que, pese a ser una persona muy brillante y alcanzar el éxito en todo lo que se propone, se rige (siempre lo ha hecho y no le ha ido, ni le va, nada mal) por lo que yo considero una teoría absurda o, cuanto menos, una teoría muy extraña. Dicha teoría la descubrí una mañana de hace unos años en la que él, quién si no, me habló de ella.
Es algo curioso, veréis. Cada vez que en el colegio teníamos un examen, mi amigo abría todas las ventanas de la clase. Le daba igual el mes del año que fuese o la hora del día a la que se desarrollase la prueba escrita en cuestión, mi amigo siempre hacía lo mismo, condenando al resto a pasar frío. A mí, desde primera hora, quiero decir desde la primera vez que le vi hacerlo, su comportamiento se me antojó como algo muy raro, como algo extremadamente raro diría, pero nunca le había comentado nada al respecto; nunca lo había hecho hasta que una mañana de invierno, ni corto ni perezoso y tratando de evitar a toda la clase y a mí, por supuesto, el tener que soportar un frío de mil demonios con, una vez más, todas las ventanas abiertas de par en par (por supuesto, aquella jornada teníamos examen), le pregunté a mi amigo: “Oye, ¿qué haces?”. Él se giró y me miró sorprendido. Tras unos segundos en los que permaneció en silencio, como si se lo pensara o le sorprendiera muchísimo mi pregunta por considerarla estúpida o sin sentido (creo que fue esto último lo que retrasó su contestación), me dijo: “El frío activa la mente. No se puede hacer un examen con calor, no hay quien se concentre así; ya lo sabes”. Esa era y supongo que sigue siendo, si nada ha cambiado, la teoría de mi amigo que, como creo haber escrito al comienzo de esta entrada, es una persona muy brillante y a la que le va muy bien, por no decir que le va genial.
Yo, en cambio y a diferencia de mi amigo, siempre he creído que, por el contrario, el frío, aparte de entumecer los músculos y calar hasta los huesos, embota la mente y atrofia el pensamiento. Es decir, siempre he creído que cuando uno tiene o está con frío no puede razonar, ni siquiera pensar, como es debido o, al menos, no lo hace, no rige, con toda la coherencia de la que se es capaz a una temperatura, digamos que, más natural o, por lo menos, más templada. En lugar de eso, creo que cuando una está con frío las ideas se vuelven estúpidas, si no absurdas. De modo que para mí es siempre infinitamente mejor no pasar ni pizca de frío (quiero pensar que a casi todo el mundo le ocurre lo mismo) y sí, en vez de eso, estar a una temperatura que el común de los mortales consideraría agradable.
Hasta ayer no había encontrado nada que desacreditase la teoría de mi amigo y no había podido, por tanto, probar que el frío es malo para las neuronas. Simplemente, sabía que a mí no iba nada bien pero de ahí a decir que mi amigo es un raro y que su teoría no tiene ni pies ni cabeza dista un gran trecho. Pero, helo aquí, que la vigésimo segunda edición del ‘Wrooom’, esa especie de mega evento organizado cada mes de enero por Ferrari y Ducati, y que es a la vez un acto de presentación, de arranque de la pretemporada, de publicidad y de relaciones públicas; me lo ha puesto en bandeja de plata. Antes de entrar en los detalles de lo que he descubierto en tan variopinta celebración, intentaré explicar, aunque sea de manera muy breve, qué es y en qué consiste el ‘Wrooom’, en nuestro caso, el ‘Wrooom 2012’.
Ferrari y Ducati, cada una de ellas en su ámbito (coches y motos, respectivamente), son sinónimos de palabras como velocidad, motor, carreras, leyenda y, cómo no, de Italia, son los emblemas italianos por excelencia. Ambas fábricas están hermanadas y, a causa de esto, cada principio de año se reúnen en la localidad de Madonna di Campiglio (en los Dolomitas) para dar el pistoletazo de salida a la temporada entrante. Allí ofrecen ruedas de prensa, hablan de sus proyectos de futuro y, no podía ser de otra forma, llevan a todos sus pilotos para que posen, sonrían y se diviertan realizando varios deportes y actividades de nieve como son el ‘snowboard’, el esquí y (no sé si llamar a estos dos últimos deportes de nieve) diversas carreras de karting y de coches de calle de la marca Fiat; en fin, toda una parafernalia la que organizan estas dos grandes casas de la historia del motor para empezar el año por todo lo alto (ya estáis viendo la galería de imágenes que acompañan y aportan la nota pintoresca a esta entrada).
Y aquí, en medio de tanta celebración y en un evento que no tendría que tener ninguna relación con la teoría de mi amigo y, mucho menos, con mi amigo en sí, casualmente he encontrado la prueba definitiva para demostrar que el frío no es bueno a la hora de pensar, actuar y, esto sobre todo, cuando toca hablar con la prensa. Y es que, sinceramente, no encuentro otra explicación que no sea el frío que hace en los Dolomitas para justificar la cantidad de sandeces, patochadas, bobadas y fruslerías que han ‘soltado por la boquita’ a lo largo de los últimos días (sí, esta ‘megacosa’ del ‘Wrooom’ dura casi una semana) todos y cada uno de los asistentes a la recién concluida edición del ‘Wrooom’. Pero es que han sido todos, no se salva ni uno, ni los pilotos de motos, ni los de coches; tampoco el presidente de Ferrari (el señor Montezemolo), ni el gran Domenicalli (director técnico de la escuadra de F1)… Y el etcétera de personajes sería larguísimo, no acabaríamos. Se podría decir que todo aquel que ‘ha abierto el pico’ en los aledaños de la estación de esquí italiana ha sido para meter la pata y no, precisamente, para meterla en un montón de nieve. Ha subido el pan con cada declaración, ha subido el pan y lo peor es que la temporada aún no ha arrancado. La que nos espera este año, pero vayamos por partes y centrémonos en los pilotos que son los que, como siempre, dan más juego a los periodistas.
El primer día, Valentino Rossi empezó ‘el show’ soltando aquello de “a lo mejor la moto de este año es un milagro” y, además, lo dijo como él suele hablar, ya sabéis: con la media sonrisa entre los labios y arqueando las cejas, mostrando unos ojos escépticos, irónicos. Ya me imagino a todo el equipo técnico de Ducati, que lleva ‘encerrado’ más de tres meses creando la nueva moto, con las caras descompuestas ante la gigantesca fe y confianza que ‘Il dottore’ deposita en el proyecto 2012. ¡Ojo! Que esto no quiere decir que Vale no desee renovar, nada de eso, también dejó caer que le gustaría ampliar su contrato para así seguir en Ducati dos temporadas más.
Hayden, que sabe que si se duerme Rossi le come la tostada mediática (aunque no se duerma, el italiano también le rapiña con facilidad, como si se tratara de una tostada de Nutella, el foco de atención; pero el caso es que Nicky intenta defenderse como puede, al fin y al cabo, hablamos de un campeón del mundo de 500 cc.), ante la pregunta “Nicky, ¿cómo te sienta que el desarrollo de la nueva moto vaya encaminado hacia el estilo de pilotaje de Rossi?”, contestó, sin dudarlo ni alterar su perfil gatuno: “Bueno, a mí eso no me importa, con que la moto mejore estoy contento”. ¡Otro órdago a lo grande y ya van dos!
No obstante, con el americano debemos ser compasivos, ha llegado lesionado al Wroom (se cayó haciendo ‘dirt track’ en casa y se partió el omóplato y tres costillas) y tampoco anda para muchas alegrías. Sus declaraciones no es que hayan sido especialmente afortunadas, pero bastante papeleta tiene encima al peligrar su presencia en los test de pretemporada de Malasia; si eso ocurre, Hayden sí que va a tener que preocuparse por la evolución de la Ducati hacia el estilo de pilotaje de Rossi. Si los ingenieros de Ducati no le hacen mucho caso al bueno de Nicky cuando está en plena forma, pues imaginaos ahora.
Alonso… ¡Madre mía! Alonso se pasó un día entero esquiando con una gigantesca peluca a lo afro, ver para creer. Supongo que el asturiano debe de estar de buen humor, ilusionado ante la nueva temporada y el nuevo proyecto. Esperemos que esta esperanza venga propiciada por lo que haya podido ver del coche en Maranello, porque después de la paliza que les dio Red Bull el año pasado no es para que estuviera tan contento. En fin, a ver qué pasa cuando el flamante y nuevo Ferrari debute en Jerez (a primeros de febrero).
Y por fin llegamos, la verdad es que lo estaba deseando, a Felipe Massa, que ha estado ‘sembrado’. Lo suyo ha sido ya para nota. Ha superado a todos y era algo especialmente difícil visto el grado de absurdo alcanzado en Madonna di Campiglio. Sin embargo, el brasileño ha sorprendido a propios y a extraños con unas declaraciones que han sido titular en medios de comunicación de todo el mundo. Felipe dijo y lo hizo sin ruborizarse ni guiñar, tampoco se rió (vaya, que iba en serio): “Con un buen coche podría ganar a Alonso”. Esta frase es sencillamente insuperable. No merece comentario alguno, ella sola se basta y se sobra, pero aún así me resulta muy difícil, casi imposible, resistirme y no entrar al trapo (otro día, otro día, la dejaré para otro día que la temporada es muy larga)…
Después de leer las palabras Massa en la prensa escrita y oírlas, y verle también a él, en los informativos de televisión (no debía haberlo hecho pero al mismo tiempo necesitaba observar la cara con la que el brasileño soltaba su fantástica bravuconada), me acuerdo de mi amigo y de su teoría (“El frío activa la mente”), y pienso que no, que no es posible, que mi amigo tiene que estar equivocado. Encima, pero por qué me acuerdo de todo esto, caigo ahora también en la cuenta de que Rossi y Hayden tampoco se quedaron atrás con sus declaraciones… Y Alonso, se me olvidaba Alonso y su peluca a lo afro. De repente, me empiezo a repetir a mí mismo que no puede ser verdad eso de que uno piensa mejor cuando tiene o está con frío, más bien debe ser justo al contrario. Y pienso esto porque la otra opción, si mi amigo resultase estar en lo cierto, es que tanto Felipe como los demás están locos y les falta una caja de tornillos entre todos; y yo no quiero creer algo así. En lugar de eso prefiero pensar que no son ellos, sino el frío, ese frío que, aparte de entumecer los músculos y calar hasta los huesos, embota la mente y atrofia el pensamiento. Es ese frío el que les ha hecho decir tantas barbaridades en tan poco días. Cuando bajen de la montaña volverán a regir y a razonar con propiedad, porque si no la temporada va a ser de aúpa… No, no son ellos, me repito; es el frío, un frío tan crudo y horrible que no les deja pensar y que, allí arriba, les ataca en forma de nieve blanca y nunca es bueno que haya demasiada nieve alrededor.

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domingo, 15 de enero de 2012

Sin Sterbick, a por el Europeo

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¿Qué pasaría si en año de Eurocopa se lesionara Casillas y no pudiera acudir a la cita? A más de uno y a mas de dos le entraría un telele. Es verdad que estarían Valdés o Reina que te garantizan una buena actuación... pero no es lo mismo. La condición de hombre milagro acompaña al santo, y su sola presencia hace que la portería se le haga pequeña al delantero. Pues ahora imaginaros la misma situación en balonmano. Y esta es de verdad. España afronta el Europeo con la lesión del mejor portero del mundo: Sterbick.

Bien es cierto que la selección cuenta con otro portero de garantías en la figura de Jose Javier Hombrados, ya todo un veterano del balonmano que ha contado con maestros como Barrufet o Fort desde 1994 que fue convocado por primera vez con la selección. Pero se va con menos seguridad; la seguridad que te da el mejor portero del mundo en una meta tan complicada de defender como la del balonmano. Ese rol de portero suplente lo ejercerá Sierra, guardameta del Valladolid. Nadie duda de su calidad, pero está claro que Valero Rivera podrá jugar mucho menos con las rotaciones que empleaba en esa posición.

Y es que España ha sido siempre tierra de buenos porteros de balonmano. Con Fort, Barrufet, Hombrados y Sterbick pasan más de 20 años con los mejores metas del mundo. Ésta ha sido siempre un arma fundamental en las defensas españolas, que pese a vivir altibajos, siempre ha sido una selección puntera. Este año vienen al Europeo a por el oro, no se conforman con la clasificación para los Juegos Olímpicos. Y vienen avalados por la buenísima preparación obtenida para este campeonato.

Este es un equipo que viene de conquistar un bronce en el Mundial de Suecia donde sólo Dinamarca pudo con ella. Su bronce ya le garantizaba la disputa del preolímpico, pero llegar a la final de este campeonato siendo Francia la campeona aseguraría la presencia de España en Londres. ¿Y qué sería de unas Olimpiadas sin la selección de balonmano?

Alberto Entrerrios mantendrá su responsabilidad de veterano
Para guiar a este equipo hacia el complicado oro está la vieja guardia. Los Juanín García, Iker Romero y los hermanos Entrerrios son viejos rockeros que saben como gestionar la plantilla y el campeonato. Su veteranía y experiencia han sacado a España de situaciones peliagudas y sin duda son fundamentales en el grupo, manteniendo un juego espectacular.

Pese a esa buena preparación que ha realizado el equipo, el sorteo no benefició a los españoles. Debutan mañana lunes ante la supercampeona de todo: Francia. Según el seleccionador, Valero Rivera, la clave estará en el partido ante Hungría, ya que el otro equipo del grupo, Rusia, también es un equipo muy duro pese a no disputar el Mundial, situación que aprovecharán para ir de tapada. Pero no todo fue malo en el sorteo, ya que en el otro lado del cuadro han quedado selecciones muy potentes como Alemania, Suecia, Dinamarca o Polonia.

Los lanzamientos de Iker Romero llevan años atemorizando a los porteros 
Tras el Mundial, Valero Rivera dijo que la única selección que estaba un escalón por encima de España era Francia. Esa distancia parece que ha quedado algo recortada en este último año, lo que hace se tengan muchas esperanzas en La roja. En la fase de clasificación, el único equipo que pudo con los españoles fue Croacia. Tanto Lituania como Rumanía sucumbieron y España logró su pase. Lo que disparó la moral española fue la SuperCup 2011, que pese a que Valero Rivera experimentó con sus jugadores, se impusieron a las potentes Suecia, Alemania y Dinamarca.

Con mucha ilusión y a sabiendas que es posible, España busca el oro. No se lo pondrán fácil sus rivales, pero todo lo que no sea llegar a la final no sabrá bien en la expedición. Se echará de menos a Sterbick y a Garabaya, pero hay mimbres para hacer algo grande. Todo quedará muy claro en el partido de mañana ante Francia. Si somos capaces de ganarles o tutearles, el oro será el máximo objetivo. ¡Que el espíritu de Dujsebaev nos acompañe!

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jueves, 12 de enero de 2012

Pasando olímpicamente 2012: Selección española masculina de baloncesto

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Ya falta poco para las Olimpiadas de 2012 y desde ahora hasta ese día, desde Sportacus vamos a ir hablándoos de los principales protagonistas que se dirán cita durante el mes en el que el deporte vive su máxima fiesta en la sección "Pasando olíimpicamente 2012". Y que mejor que empezar con la selección que empezó todo este movimiento de triunfo en nuestro deporte allá por el 2006 en Japón: la de baloncesto.

Posiblemente, el 24 de agosto del 2008, quien le diera por madrugar (siendo esto muy difícil en la ciudad donde vivo por ser feria) pudo ver el que es el mejor partido que una generación post-Jordan haya visto en directo. Fue la final olímpica de Pekín, que enfrentaba a España y a Estados Unidos. ¿El resultado? 107-118 perdió España. Es verdad que los árbitros fueron muy permisivos con los norteamericanos, pero también es verdad que dieron un espectáculo sin igual. Quitando media parte ante Lituania el pasado verano y algunos minutos sueltos, La roja no ha vuelto a igualar ese nivel de juego. Y es difícil que lo vuelva a hacer.

Este año vuelven a apuntar alto en los Juegos Olímpicos. Tras el enorme tropiezo en el Mundial de 2010, el año pasado España volvió a coronar Europa en una irregular competición donde finalmente acabó apareciendo Navarro para destruir a Eslovenia, Macedonia, y finalmente a Francia. Y es que eso es lo que tiene esta selección, un enorme trabajo en equipo que si falla, puede recurrir a individualidades. Y cuando no aparece Pau Gasol, aparece Navarro, o Calderón, o Rudy...

Pero lo que hay que tener claro es que en cuatro años, esta selección ha cambiado mucho. Aquel equipo de 2008 venía sin Pepu Hernández en sus mejores años para ser cogido por Aíto García Reneses. Ahí empezó el juego irregular del equipo, que se centra cuando tiene que centrarse, y logró un punto máximo excelente. Para 2012, miembros importantes de ese equipo se han retirado de la selección, como son Mumbrú, Garbajosa, Berni, Raúl López y sobre todo Carlos Jiménez. Han ido pasando bastantes jugadores, pero pocos para quedarse.


La principal diferencia es que ahora contamos con dos NBA más. Ricky Rubio y Serge Ibaka también emigraron por el océano Atlántico, haciendo que en la misma selección haya seis jugadores en la mejor liga del mundo. Lo que parece una gran ventaja no lo es tanto, sobre todo este año. Ya ha habido campeonatos en los que Pau o Calderón han tenido que dejar su participación a un lado. Este año, siendo olímpico, no pasará esto, pero las lesiones pueden hacer su aparición. El lock-out vivido a finales de 2011 puede pasar factura, y es que los jugadores en territorio norteamericano tendrán que jugar una gran cantidad de partidos en muy poco tiempo.

La prueba está en los periódicos. Todos los días estamos leyendo las maravillas de Ricky en Minessotta. Es raro el día que descanse. Los NBA están acostumbrados a un ritmo fuerte de partidos, pero el que está establecido ahora es una locura. Si todos los jugadores logran pasar el mes de marzo bien, habrá posibilidades de que no falte ninguna estrella.

Lo que está claro es que habrá poca variaciones con respecto el equipo que Scariolo llevó al Europeo de Lituania. Sada está teniendo un menor protagonismo en el Barcelona y el gran nivel de juego que Carlos Cabezas está demostrando en el CAI puede abrirle de nuevo la puerta de La roja. También ha bajado mucho el nivel de juego Víctor Claver y su compañero Rafa Martínez puede comerle la tostada, aunque Sergi Vidal o Pau Ribas también están haciendo méritos.


Hace unos días, Estados Unidos dio su preselección con 19 jugadores. La verdad que sólo leerla asusta un poco: Chris Paul, Derrick Rose, Deron Williams, Russell Westbrook, Chauncey Billups,
Kobe Bryant, Eric Gordon, Dwyane Wade, LeBron James, Carmelo Anthony, Kevin Durant, Andre Iguodala, LaMarcus Aldridge, Chris Bosh, Lamar Odom, Blake Griffin, Dwight Howard, Tyson Chandler y Kevin Love. Son nombres muy importantes.

Pero la lista de España no se quedaría atrás. Todavía falta mucho para que Scariolo dé su lista, pero nos podemos arriegar a pronosticar una. Los dos bases que irán seguro son Calderón y Ricky Rubio. El puesto de tercer base (que seguro lo habrá con Scariolo en el banquillo) se lo jugarán Sada, Cabezas y quizás Javi rodríguez. Los aleros titulares serán Navarro y Rudy, a los que acompañarán Llull y San Emeterio. La duda será en el quinto puesto, donde Claver, peleará con Rafa Martínez, Vidal y Ribas. Y por último en el juego interior, el arma más peligrosa en los últimos tiempo estarán como titulares los hermanos Gasol, con Ibaka luchando por detrás y Felipe Reyes si es capaz de mantener su puesto.

PRONÓSTICO: Nos la vamos a jugar y vamos a poner que España consigue el oro. La venganza se sirve fría, y la selección tiene equipo para ejercerla. Si Scariolo no hace cosas raras, podemos volver a vivir una enorme fiesta de este deporte en Londres.

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miércoles, 11 de enero de 2012

"Dejadme soñar"

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Érase una vez que se era la historia de una ciudad que vivía instalada en la segunda división del fútbol español y que soñaba, llevaba años soñándolo, con ser de Primera o, al menos, con estar en primera división. De hecho, esta ciudad y su equipo llevaban décadas soñando con llegar a lo más alto del panorama nacional y quizá por eso, porque esta ciudad a orillas del Guadalquivir sólo soñaba (“y los sueños, sueños son”) y no hacía nada para hacer realidad sus sueños, nunca lo lograba. En cambio, esta ciudad y su equipo sí se encontraban, para su desgracia, ‘dormidos’ en la más profunda de las mediocridades, en la inactividad más absoluta y el fracaso más abyecto. Cierto es que la ciudad había vivido tiempos peores, épocas de ostracismo en las que se veía repudiada a las entrañas del grupo cuarto de Segunda división ‘B’. Pero también hay que decir que la situación actual tampoco es que fuera mucho mejor ni para ‘tirar cohetes’, con el club sumido en una crisis deportiva que lo ahogaba y atrapado a su vez por una deuda económica que maniataba cualquier proyecto medianamente serio de dar el gran y tan anhelado ‘salto de calidad’.
Sinceramente, quedaban ya pocas personas en la ciudad que recordasen el pasado glorioso de la entidad, que hubieran visto al club en primera división y hubiesen asistido al campo para ver jugar (frente a su equipo) al Real Madrid, al Barcelona o al Atlético de Madrid. El tiempo pasa inexorablemente y la gente olvida y también se acostumbra, se acostumbra a no ser importante y a ser, al mismo tiempo, un equipo mediocre, un club de segunda fila y entonces, cuando eso ocurre, a la grada sólo le queda la posibilidad de recordar, la baza de fantasear con lo ocurrido hace tanto y, si han pasado muchos años (como le ocurría a esta ciudad y a su club), este recuerdo también se ve difuminado, cuando no borrado. Toda la historia se ha perdido y ya no quedan memorias en las que instalarse. No hay nada, salvo la nada más absoluta. Y es entonces, en ese triste y preciso instante, cuando se empieza a soñar, cuando se imagina y se fabula y se crea, todo ello con tal de escapar, de no aceptar la realidad, que es demasiado triste y agobiante.


Y, qué sorpresa, esta ciudad soñó tanto y con tanta intensidad y durante tanto tiempo que, cuando peor era su situación, el equipo se plantó, ‘sin comerlo ni beberlo’, en octavos de final de la Copa del Rey y no sólo eso, sino que, además, el club tenía serias opciones de llegar a los cuartos. Todo iba a depender de una noche, dependería de una noche…
Todo dependerá de esta noche, una velada en la que el Córdoba visita el campo del Espanyol y en la que tiene que defender la ventaja de dos goles a uno ganada en el partido de ida de hace una semana. Y a mí, sinceramente, me da igual que el Córdoba pase la eliminatoria esta noche ganando, empatando o perdiendo por la mínima; tampoco si consigue sellar el billete para los cuartos con un ‘golito’ en fuera de juego o de penalti inventado e inexistente y, aún peor y más marrullero sería, con el tiempo añadido ya sobrepasado. Lo importante de hoy, de esta noche (a las nueve y sólo para los ojos del PPV, resto de mortales vía radio) es pasar y batirnos con el Mirandés dentro de escasos días y, por qué no llegar a semifinales, algo que sería histórico, y, ya que estamos en semifinales, por qué no alcanzar la gran final ante un Madrid o un Barsa (se me hace la boca agua sólo de pensarlo) y alzar el título, y en ese momento ser leyendas y recordar de pronto toda aquella gloria ‘cordobesista’ perdida décadas atrás y…

¿Qué queréis? ¿Por qué os extrañan mis disparates y mi exacerbada imaginación? Al fin y al cabo, yo también soy hincha del Córdoba y, como tal, estoy atado a aquella extraña maldición que nos hace soñar y soñar, imaginar e imaginar, todo con el propósito de escapar, de no aceptar la cruda realidad y excavar en el pasado olvidado y que al estar olvidado, por tanto, no somos ya capaces de narrarlo, ni siquiera de recordarlo. Aunque, ahora que lo pienso no sé a ciencia cierta, no sé qué creer y qué esperar del partido de hoy. Quizás esta noche sea todo distinto y el equipo esté bien ‘despierto’, con los pies en el suelo y sabiendo lo que se juega… “Dejadme soñar”, os decía antes y os imploro ahora; y, esta noche, ¡todos con el Córdoba!



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martes, 10 de enero de 2012

'Ciao, ciao' (58)

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Hace unos días, mientras tomaba un café a media tarde, empecé a pensar en el blog que esta semana, que ayer, para ser más precisos, estrenamos (¡ojalá que haya mucha suerte y sea la nuestra una web prolífica y longeva, a la par de divertida y también entretenida para todos los que quieran leernos, que esperemos sean muchos!); de modo que, mientras daba sorbos a la taza de café, empecé a cavilar acerca de nuestro blog, de Sportacus y, en concreto, me sorprendí a mí mismo intentando elegir el tema sobre el que escribir mi primer artículo o entrada (término, este último, quizás más acertado dado el medio en el que publicamos). Tenía que ser un tema especial y por eso dudaba a la hora de escoger con qué ‘alzar el telón’.

Se me pasó por la cabeza la idea de hablar, o mejor dicho escribir, sobre ‘el cholo’ Simeone y su debut como entrenador colchonero; también tuve la tentación de valorar a Mou, ese técnico genial y aún mejor ‘showman’ que tanto juego (me refiero a juego en el sentido metafórico, claro está) y tantas polémicas brinda; y “por qué no”, me descubrí sopesando, “centrar mi primera entrada en la no renovación de Jaime Alguersuari o incluso”, esto también crearía polémica, “en la marcha del nuevo Málaga del jeque”. “Todo estos asuntos serían y serán de actualidad el lunes cuando inauguremos el blog y, además, tendrían y tendrán relevancia”, pensé yo aquella tarde de hace unos días cuando ya empezaba a terminar mi café (aunque suene contradictorio eso de ‘empezar a terminar’), que se había enfriado demasiado rápido. Y fue entonces, y sólo entonces, cuando me acordé de aquella mañana de domingo de hace unos meses en la que Marco Simoncelli murió trágica y accidentalmente en el circuito de Sepang (Malasia), y, tras recordar aquel fatídico día, lo tuve claro: hablaría de SuperPippo.
La de aquel domingo fue una jornada triste, muy triste. Recuerdo haber madrugado y haber visto, mientras desayunaba y empezaba a amanecer tras las ventanas de casa, como Nico Terol tenía que resignarse y esperar para ganar el último título de la historia de 125 cc.: en las vueltas finales de la carrera el cansancio (según él mismo dijo, los nervios no le dejaron dormir más de un par de horas la noche anterior) y el desgaste de sus neumáticos hicieron que todo quedase en el aire de cara a Cheste, al circuito Ricardo Tormo, la última prueba del año. Recuerdo también el modo en el que el corredor valenciano se derrumbó después de cruzar la meta y como se dejó caer sobre la hierba, exhausto y decepcionado, con las manos cubriéndose el rostro. Fue una imagen desgarradora; por desgracia, no sería, de hecho no lo fue, la peor del día.
Luego, llegó el turno de Moto2 y de la lucha por un título descafeinado sin Marc Márquez en pista, el catalán andaba con problemas de visión tras la aparatosa caída sufrida en los entrenamientos libres del viernes; al final, y aunque ni el propio Marc lo supo aquel domingo de hace unos meses, la joven promesa del motociclismo, llamada en un futuro no muy lejano a sustituir a Valentino, no podría correr más durante el resto de la temporada y en los test invernales de diciembre. Stefan Bradl pudo ganar su mundial, aquella mañana lo tuvo en sus manos pero, al igual que Nico antes que él, tendría que esperar dos semanas más. Bradl se quedó a un punto de ser campeón del mundo. Una bandera roja que dio por concluida la prueba a falta de escasas vueltas para el final le pilló colocado segundo en carrera. En un primer momento, supongo que el joven piloto alemán se lamentó y maldijo su mala suerte. A nadie le gusta retrasar la consecución de un título. Sin embargo, visto lo ocurrido después, seguro que Bradl se alegró de no haber ganado esa carrera en Sepang, no el mismo día que se produciría, no mucho más tarde, la terrible muerte de Marco Simoncelli.

No escribiré una sola palabra sobre la carrera ni sobre el accidente. Sí diré, en cambio, que recuerdo que estaba en casa, sentado delante de la televisión, minutos antes de que se diese la salida a la carrera de MotoGP; y, como es habitual, la realización mostró uno a uno a los pilotos de la parrilla y entonces, como de costumbre, le vi, allí estaba Simoncelli, con grandes gafas de sol y una toalla mojada, de color amarillo, sobre la cabeza (tal suele ser el calor y la humedad en Malasia que los corredores a menudo no saben qué hacer para refrescarse) que casi le cubría toda la cara. Entre las manos sujetaba un cartel en el que aparecía promocionada la dirección de su página web. Con su habitual desparpajo, Marco saludó a cámara… Minutos después, de repente y sin previo aviso, el mismo Marco que reía y bromeaba con el público a través de las cámara de televisión se había ido y ya no iba a volver. Una muerte inesperada y horrible la suya, acaecida en un deporte del que a veces se nos olvida lo peligroso que puede llegar a ser (lo peligroso que es) y el valor que hay que tener para subirse a una de esas motos y pilotar a 300 km/h.

Resulta cuanto menos curioso, pienso ahora (mientras escribo esta entrada), cómo uno puede echar de menos a alguien que no ha conocido físicamente, es decir, cómo uno puede echar de menos y lamentar la muerte y la pérdida de una persona con la que no ha coincidido en ningún sitio y a la que no ha visto en persona, con la que no ha hablado (ni siquiera por teléfono), jamás. Sin embargo, es así y así (valga la redundancia) ocurre muchas veces en la vida. Y aquel domingo fue un día realmente triste. Claro, que… ¿se puede considerar desconocido a alguien al que uno sigue y está habituado a ver ganar y perder cada fin de semana, del que conoce su forma de hablar y de peinarse, su trayectoria profesional e incluso pinceladas de su vida personal?
En Valencia, la última prueba del año (dos semanas más tarde), a Simoncelli se le brindó un merecido y emotivo homenaje: el legendario Kevin Schwantz dio una vuelta de honor al circuito a lomos de su Honda, Loris Capirossi disputó el último gran premio de su carrera (era ese el día de su retirada) con el número 58 en su carenado y su ‘hermano’ Rossi lució para la carrera un casco conmemorativo en el que se fusionaban los colores característicos de ‘Il dottore’ (el amarillo y el negro, del sol y la luna) con los de su amigo Marco (las franjas verticales blancas y rojas). Fue el propio Valentino el que definió a su amigo SuperSic, días después de su muerte, como: “Tan rápido en la pista como dulce en la vida”.
Aquel domingo de carreras, aquel domingo de motos, se fue un grande de las dos ruedas, dijimos adiós a un campeón del mundo. En este blog y dentro de cada uno de nosotros quedará siempre su recuerdo, permanecerá la sonrisa de SuperPippo y, por supuesto, jamás olvidaremos lo rápido que iba cada vez que montaba en moto. Como él decía: ‘Ciao, ciao’. Descansa en paz, Marco.


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